que vamos recogiendo
a lo largo de la vida,
escombros de nuestras
propias ruinas.
Por dignidad o negación
vamos colocando
como podemos, con cuidado,
con esmero, con rabia
que es pena y pena que es rabia;
pulcritud compulsiva,
con esa ilusión patológica
de mantener ese orden
como lugar de refugio.
La salvaguarda en la sombra,
en esa proyección que ni siquiera
asombra, pues lo que importa
es ofrecer una «silueta normal»,
y nos auto-convecemos
de que en esa sombra
nada se ha perdido.
Pero hemos sido vencidos
por la más abyecta de las mentiras,
pues en la sombra, nos condenamos
a permanecer en la cueva,
más allá de la oscuridad,
habitando en las paredes
siendo un engaño para los demás,
pero sobre todo para nosotros mismos.
Hasta en el ser más ruinoso
cabe una nueva vida,
acepta la pérdida, acepta la ruina
y hasta los pedazos rotos
que tanto cuidas.
Sal de esas paredes, de la oscuridad,
del dolor de la llamas
y su crepitante luz,
atraviesa ese público, esa multitud,
y aún te quedará un camino
que se hará en plena oscuridad.
No temas, no vas hacia tu final,
sino a tu nuevo principio,
bajo el sol espléndido
de una realidad sincera
te sentirás bien, te sentirás vivo,
te sentirás querido, te sentirás amado,
porque realmente estarás
en tu lugar.
Tu lugar.
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