Cada dรญa se publican decenas de libros que ilustran cรณmo hablar, cรณmo captar la atenciรณn, ser convincente; un lรญder de masas. En definitiva, libros con cientos de pรกginas, llenas de trucos, mรฉtodos y demรกs tรฉcnicas de venta para convertirte en el centro del Universo.
Si se preguntara en una librerรญa dรณnde estรก la secciรณn de esta clase de libros a los que se les suele llamar "libro de autoayuda y crecimiento personal" yo les indicarรญa con mucho gusto el pasillo. El de la arrogancia.
Sin embargo, libros que nos enseรฑen a escuchar a los demรกs, lo que se llama "escucha atenta" se publican mรกs bien pocos. Sรญ, hay libros que nos enseรฑan a detectar las carencias de los demรกs para despuรฉs explotarlas en beneficio propio. Pero eso no es escuchar. Es lo opuesto a escuchar.
Por otro lado, independientemente de la formaciรณn, o mejor dicho, la ausencia de formaciรณn al respecto, no limita necesariamente esa cualidad tan notable, la cualidad de saber escuchar. Es una cuestiรณn de actitud. De interรฉs sincero.
Y ha de ser una cualidad compartida. Dos personas que se escuchan, o un grupo que sabe escuchar al que toma la palabra, es algo autรฉntico. Porque tiene lugar una comunicaciรณn real.
Lo que hoy llamamos "socializar", como ejercicio impuesto para una buena salud mental, es una consigna de un cinismo supino. Porque consiste en vomitar por turnos uno sobre el otro. Puede que, tras la reuniรณn, se sienta uno mรกs ligero. Pero de ningรบn modo eso implica el haber compartido un momento con otro ser humano. En consecuencia lo que queda es una soledad rotunda. Y nada mรกs.




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