Entretejemos nuestro espíritu a todos los momentos, circunstancias y personas que conforman nuestra vida. En esa urdimbre nuestro espíritu manifiesta su verdadera forma y señala nuestras opciones. Y es algo que no debe ser confundido con la inextricable sucesión de cuerdas, nudos y roturas.
Porque a pesar de ello debemos encontrar el sentido. Y de todas las visiones mórbidas habrá unas pocas, al menos una, que sea saludable.
Identificar qué nos enferma y qué nos da cuidado no es trabajo fácil. No porque no distingamos una cosa de otra, sino porque implica ir tomando decisiones. Sencillas pero incómodas.




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