Te agarras al manillar de tu costume, sientes el motor, su energía. Tienes los pies en el suelo, pero sabes que de forma inminente tú y el viento os haréis uno. Y ya sientes en el estómago la emoción de sentirte libre.
La costume es una filosofía de vida. Y en ausencia de esa fabulosa máquina siempre puedes "costumizar" cualquier cosa, porque con esa filosofía de vida puedes llegar a cualquier parte.
Como yo, que hoy me he propuesto cruzar el pasillo, recorrer arriba y abajo las suaves landas del comedor y, si me da el día, llegar con mi Harley Davidson-or-not hasta el dormitorio y pasar la noche ahí.




0 Comentarios